martes, 26 de octubre de 2010

... y el resto de España.



Con frecuencia oigo decir a determinados políticos de tal o cual comunidad, ésta y España; como si ésta, no fuera España. Y, mal que les pese, ésta también es parte de España. Ésta y éstas, todas sin excepción son España. Por supuesto que cada una de ellas tiene muchas cosas que las diferencian del resto pero ahí es donde está la diversidad y riqueza de la “nación-estado” en la que vivimos.

No quiero entrar en los conceptos de nación y país por lo ambiguos que hoy día resultan y por ello utilizo el término “Nación-Estado”. Otros se refieren a España como una nación de naciones. La ambigüedad semántica de estas dos palabras, es fruto en gran parte de un uso a la medida de la persona o político de turno que las utiliza habiendo perdido estos vocablos su significación universal. Así podemos oír expresiones como: “país gallego” o “país vasco”, “Nación catalana”, para referirnos a dichas comunidades autónomas.

España es una Nación-Estado, dividida en 50 provincias que se agrupan en 17 comunidades autónomas y dos ciudades autonómicas. Cada comunidad autónoma esta formada por una o varias provincias y cada provincia esta a su vez dividida en municipios.

Estas comunidades autónomas no tienen todas igual autonomía funcionan con diferentes niveles de autogobierno. Por lo que las podemos agrupar en Comunidades Autónomas de Régimen Especial y Comunidades Autónomas de Régimen Común. No obstante en un principio y dentro de un océano político en calma y bien intencionado, se pensó que todas las comunidades podrían obtener con el tiempo mas competencias para su autogobierno terminando todas al final por igualarse.

En realidad la descentralización de las comunidades está llevándonos a una Nación-Estado, constituida por una federación descentralizada de comunidades autónomas.

De esto podemos deducir que las velocidades en alcanzar plena autonomía van a ser diferentes.

Hay en estos políticos sobre todo en los de un sector reducido de varias comunidades a los que me he referido en un principio, que manifiestan un ansia desmedida por incrementar la velocidad para la consecución de cambios; y, cuando estos no llegan y lo conseguido hasta el momento no les satisface, amenazan con posturas de extremismo exacerbado. Amenazan con la independencia.

Esto se da en comunidades de régimen especial en las que existen movimientos políticos minoritarios independentistas ligados y no en todos los casos a ciertos partidos nacionalistas.

Entiendo que la vida de los políticos así como la de cualquier ciudadano es demasiado corta y éstos deseen protagonizar e impulsar todos los cambios imaginables.

A estos políticos no les satisface la España de las comunidades autonómicas porque no les llena el grado de autonomía conseguida. Lo que en un momento les colmó de esperanzas al salir de una dictadura, hoy no consigue rebosar sus anhelos y dentro del juego democrático intentan mediante consultas y referéndums de tipo localista allanar caminos independentistas cuando no logran alcanzar las ansiadas transferencias y cotas políticas que el gobierno central dosifica para ellos en demasía.

Desde el 4 de agosto de 1704, fecha en que el almirante Rooke, toma posesión de Gibraltar en nombre de la reina Ana de Inglaterra y diez meses mas tarde con la firma del tratado de Utrecht, en donde se recogen en su artículo 10, la cesión a Gran Bretaña de la ciudad y fortaleza de Gibraltar, el territorio de la Nación-Estado Española peninsular, no ha sufrido merma alguna.

Gobernaba por aquél entonces Felipe V el primero de los Borbones españoles y durante su reinado no sólo perdimos Gibraltar sino otras posesiones fuera de la península, concretamente las que teníamos en el continente Europeo como: los Paises Bajos, Milán, Nápoles, Sicilia, Saboya y Niza.

Aproximadamente un siglo más tarde hay que añadir a estas mermas territoriales reseñadas, la pérdida de las posesiones coloniales en el continente americano. Un conjunto de Naciones-Estado americanas actuales, fueron alcanzando la independencia durante el siglo XIX entre los años1808 al 1898. Creo manifestar el sentir generalizado de la sociedad española actual que no se siente orgullosa de los errores cometidos durante el periodo en el que permanecimos como una potencia colonial. Hoy día más bien sentimos la alegría de que estas naciones americanas sean libres y diseñadoras tanto de su presente como de su futuro.

Fue en tiempos de Carlos III, Allá por el 1.785 mediante un real decreto cuando se determinaron los colores de la bandera Española. El pabellón español desde ese instante consta de tres franjas (rojo, amarillo , rojo), siendo la franja central doble que las laterales. En dicho decreto se establecía que los barcos de la armada enarbolaran este pabellón para evitar confusiones en las largas distancias o con vientos calmosos con las banderas de otras naciones .


Una vez aclarado lo que abarca territorialmente nuestra Nación-Estado desde hace más de 300 años y el tiempo que ha pasado desde que se establecieron los colores de la bandera que superará en breve los 225 años, así como la existencia de un idioma común, el español, que se habla en todo el territorio y cuya “gramática de la lengua española”, fue presentada a la Reina Isabel la Católica por el filólogo Antonio de Nebrija, aproximadamente unos dos meses antes del descubrimiento de América, la existencia de otros idiomas que se hablan en parte de nuestro territorio, y que contribuyen al enriquecimiento cultural de nuestro pueblo como son: El Gallego, El Euskera o Vasco, El Catalán, El Valenciano, el Bable, el Aranés... Todo este gran abanico de caracteres plurales que nos adornan, creo que sirven más como elementos de unión de un pueblo que de separación como algunos dirigentes minoritarios pretenden.


Durante todo este tira y afloja (país, nación, nacionalidad...) quedan aparcadas cuando no muy difuminadas muchas de las promesas electorales, embarcándose algunos políticos, en pugnas que van desde la descalificación a cualquier iniciativa sea del signo que sea si no es del suyo propio, hasta airear amanazas de tipo independentista, en vez de preocuparse por las personas. Por todas las personas. ¿Dónde queda la preocupación de los políticos y de la propia sociedad por cada individuo al que solo se utiliza cada cuatro años para conseguir el poder? ¿Puede el ciudadano creer en la clase política y en la sociedad como tal cuando ésta y éstos consiente sueldos de miseria y hacen oídos sordos a las reivindicaciones salariales de una gran parte de la población? ¿Cómo puede existir tanta desigualdad económica entre seres humanos? o. ¿Es que no hay una diferencia abismal entre el salario mínimo y los sueldos de empresarios y algún que otro político? ¿No puede regularse y vigilar mejor el ámbito económico para limar diferencias?

Creo que estamos llegando socialmente a posturas de marcado cinismo cuando a título personal o partidista nos atrevemos a presentarnos en sociedad, obviando o aparcando todas estas cuestiones. Lo importante no son los territorios ni quién los dirija, sino que lo realmente importante son las personas; el grado de atención que éstas reciben, su educación en valores... todo aquello que sin lugar a dudas nos acerque a un mundo mejor.

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