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miércoles, 25 de junio de 2014

Despedida de la vida activa.

Año tras año se cumple inexorablemente con exactitud el día en que  dije adiós a mi vida activa en la docencia. Ya  han pasado diez años desde que celebré con todos mis compañeros  esa despedida  aquel 24 de junio de 2004  y en la que me sumergí sin solución de continuidad en una nueva dimensión. Desde ese mismo momento quedó establecida la frontera que delimitaba y marcaba el ser y el dejar de ser.  La apertura hacia una nueva etapa en la que supuestamente iba a descansar y dedicarme a otras actividades que por lógica había tenido que abandonar o simplemente aparcar por la falta de tiempo, que  durante ese amplio periodo de la  vida en el que se desarrolla la vida laboral, había tanto disfrutado como padecido.  






Es bueno recordar a la vez que agradecer a todos los compañeros sin excepción por el extraordinario clima en el que día a día  había podido desarrollar mi actividad docente.  El  buen ambiente de trabajo, comprensión, compañerismo y apoyo en los momentos difíciles cuando  durante los dos últimos cursos sin aviso previo me encontré  mermado en mis facultades físicas para desarrollar mi labor al sufrir un I. A. M.





 Este repentino padecimiento me hizo estar apartado de la actividad docente casi seis meses, tiempo que tardé en recuperarme.  Al incorporarme,  debido a mi delicado estado, me sentí extraordinariamente arropado y protegido por  mis compañeros. Debo destacar y agradecer  el desvelo y la preocupación de todos sin excepción durante las horas lectivas, los  cambios de clase, las guardias de recreos, las guardias de biblioteca…  

El buen clima que disfruté  a lo largo de mi última década como docente en el IES  Cavaleri, como con anterioridad  también gocé de ese buen  ambiente de trabajo y compañerismo en el denominado por aquel entonces C. P. Guadalquivir  hoy día C. E. I. P.  Guadalquivir, me lleva a pensar que en verdad tuve una suerte extraordinaria al trabajar codo con codo con profesionales  llenos de una humanidad encomiable.

Fue en ese día, cuando  los compañeros tanto de un Centro como del otro me  dieron muestras de sincero afecto y  me  manifestaron su reconocimiento valorando en la parte que me correspondía el trabajo que compartimos  en los distintos campos de la enseñanza. Claustros, Departamentos, Tutorías,  Niveles, distintas comisiones y juntas,  así como en la amplia gama de tareas que emanan del quehacer cotidiano en un Centro  y  que van desde la vigilancia de recreos, guardias de biblioteca,  atención a padres, tutorización de alumnos, reuniones de  padres...






Destacar   no sólo los momentos agradables que fueron muchos, sino también los duros y  desagradables que surgen en el día a día, y que en el plano de lo anecdótico durante la celebración,  nos hizo sonreír y dar pie a algún que otro comentario  jocoso.  Compartimos durante esa celebración a modo de balance un  cúmulo de detalles y situaciones provocadas por ciertos estímulos  que en toda actividad educativa y por supuesto humana nos salpican enriqueciéndonos. 




En la fotografía que precede a este párrafo podemos contemplar un abanico; detalle, que sugerido por mi esposa, distribuí entre los asistentes como recuerdo de este emotivo encuentro.  

Mi agradecimiento y sincero afecto a todos sin excepción. Mención especial merece mi compañero y amigo Pepe González Paisano  por todo lo que luchó y trabajó  para que este homenaje tuviese lugar en un espléndido salón con visos de gran celebración. 


Mi agradecimiento también al dueño de ese salón; a Cándido Lozano Romero, compañero también de fatigas, que cedió no sólo el espacio donde celebrarlo sino que dotó al evento de personal de cocina, camareros y discjockey durante la barra libre  para que la celebración discurriese a gusto del más exigente de los asistentes.

sábado, 5 de junio de 2010

Recuerdos de mi niñez y adolescencia.


Hace muchos años, tantos que de contarlos superan el medio siglo, vivíamos en Cádiz, en un bloque frente a un desaparecido acuartelamiento de Infantería en la denominada Avenida de López Pinto, durante un tramo, y Ana de Villa, a lo largo de otro. Creo también recordar la dirección en la que pasamos algo más de una década: Avenida López Pinto, Casas militares, piso 2º, nº 12.

Asomados a la ventana de una de las habitaciones, unas veces sobre el mediodía y otras al caer la tarde, tanto mi hermano como yo permanecíamos algunos ratos extasiados a lo largo de cada día observando todo lo que por aquella avenida pasaba. El tranvía, los coches, peatones que por las aceras se dirigían en un sentido u otro hacia sus menesteres, la guardia que frente a nosotros formaba unas veces con armas y otras sin ellas, ante la presencia del jefe militar que por una u otra razón visitaba el acuartelamiento o cuando al inicio de la jornada se procedía al izado de la bandera mientras el corneta dejaba escapar de su instrumento el toque correspondiente.


Cuando el día terminaba, también formaba la guardia para el último ceremonial: la bajada de bandera y el toque de oración. Todo era observado por nosotros como si de una película se tratara, sin cansarnos de ver las mismas escenas hasta que casí siempre la voz de mi madre nos sacaba del ensueño diciendo: ¡Niños! ¿Habéis terminado las tareas? Si, mamá.

A continuación nos pedía los cuadernos para ver lo que habíamos hecho y o nos regañaba porque lo realizado no estaba al completo o se veía descuidado o nos daba su visto bueno dejándonos jugar hasta la hora de la cena.

Todas los días íbamos andando al Colegio. Salíamos del edificio y siguiendo la acera, íbamos dejando atrás una serie de Chalets individuales con sus garages y patios de entrada ajardinados. Pasabamos por un campo que creo recordar lo llamaban el “campo de las vacas”, terreno de unas dos o tres hectáreas donde estas pacían, al igual que algún que otro rebaño de cabras.


Dicho terreno , partía la hilera de chalets que seguían al edificio en el que vívíamos antes de llegar a las tapias del Colegio que delimitaban y cerraban los patios de recreo en el que se encontraban los campos de futbol, el frontón, las pistas de baloncesto, la pista de patinaje, las zonas ajardinadas, y como no, las edificaciones donde se ubicaban las aulas a las que accedíamos al sonar la campana después de formar filas por cursos y en silencio en una explanada de cemento.


Siguiendo dicha acera dejábamos atrás la iglesia del Colegio y llegabamos a la puerta del mismo. A la puerta del Colegio de San Felipe Neri. Estudie allí desde la 1ª clase, hasta la 4ª de primaria, hice el ingreso y comencé el bachillerato hasta el 4º curso revalidando mis estudios después de repetir un año. Aprobé la revalida en el instituto de Columela ya que dicho examen había que realizarlo en el Instituto que por aquella época era el único que existía en Cádiz y era donde se contituía el tribunal.
Una vez superada la revalida abandoné el Colegio y continué los dos cursos del bachillerato superior en dicho Instituto. Esta decisión por parte de mis padres fué acogida por mi como muestra de confianza en cuanto a mi madurez, al permitirme asistir a un Centro en el que la enseñanza era bastante más libre y menos disciplinada que la que había tenido hasta entonces.

El bloque de cuatro plantas donde vivíamos, tenía un jardín delantero y dos puertas de acceso a izquierda y derecha de su fachada a las que se llegaba después de cruzar dicho jardín a lo ancho y acceder a él por su correspondiente escalerilla desde el acerado de la avenida.

Por su parte posterior el edificio presentaba la misma estructura pero sin jardín dando a a un acerado y una explanada de tierra donde se alzaba la antigua y hoy ausente plaza de toros y donde los niños del bloque, sobre todo los días de fiesta y los jueves que no teníamos clase por la tarde, patinabamos, jugabamos al fútbol, a las bolas, al trompo, a las chapas... y maquinábamos alguna que otra travesura; en definitiva nos relacionabamos.

Una enorme azotea culminaba el edificio circunvalando el patio central interior a la que por comodidad no se subía a tender.Treinta tendederos cruzaban dicho patio de ventana a ventana sujetos a uno y otro lado a sus carruchas y por los que se deslizaba la ropa recien lavada, buscando el sol, en espera de secarse.

Desde dicha azotea se divisaba en dirección a Puerta de Tierra el campo del Mirandilla, donde jugaba por aquellos años el equipo de fútbol de la localidad antes de construirse el conocido estadio de Ramón de Carranza. Desde esa Atalaya, la azotea, veíamos el partido de fútbol del Cádiz C.F. los domingos por la tarde cuando éste tenía lugar.

Frente a este edificio, una vez agotados los cuatro escalones de las escalerillas del referido jardín, se daba a la acera de la avenida y a la vía doble del tranvía que marcaba los dos sentidos de su recorrido y que tenía una de sus paradas justo en él.

Cruzando las vías y la avenida se llegaba a la puerta de entrada de dicho acuartelamiento en cuyo dintel se leía “TODO POR LA PATRIA”. Unos seis metros antes se levantaban a derecha e izquierda de ese enorme portalón paralelamente a sus jambas dos garitas. En la de la derecha se hallaba normalmente en posición de descanso con su Mauser y bayoneta un soldado de guardia cuando no se paseaba con su fusil al hombro de una garita a otra girando marcialmente cuando las iba a sobrepasar. Dicho centinela, era relevado por otro con el ceremonial pertinente cada cierto tiempo y a uno y otro lado de esta enorme puerta, si seguíamos observando de frente el acuartelamiento, se encontraban las zonas ajardinadas que los niños del bloque donde vivíamos conocían con los nombres del jardín del Coronel a la derecha y el jardín del Teniente Coronel a la izquierda.

Por esa avenida, circulaba en ambos sentidos por la doble vía que en dirección a las afueras se encontraban en la mitad derecha de la misma, junto a la acera, el tranvía que, desde el edificio hoy día conocido por el palacio de la aduana, nos llevaba hasta el hotel Playa.


En ese punto, después de apearse hasta el último usuario, recogía a los que desde ese lugar de extramuros querían acercarse al casco antiguo; giraba 180º, y emprendia de nuevo su ruta de regreso deteniendose al igual que a la ida en todas las paradas para recoger y dejar viajeros.

Dicha avenida durante esos años era la única vía que nos sacaba de Cádiz a través del istmo y nos comunicaba con el resto del país después de dejar a la derecha el hotel playa Victoria y continuar por una carretera estrecha flanqueada de salinas a ambos lados hacia San Fernando,

En sentido contrario, dicha vía, nos introducía en la ciudad a través de las murallas de Puerta de Tierra y la cuesta de las Calesas a cuyo término y en la acera de la izquierda yendo en dirección hacia el centro, como sujetándo todo lo que por ella puediera deslizarse, se yergue el templo de la Virgen del Rosario; su patrona.

Donde ya no hay cuesta, continúa una calle que pierde su nombre al desembocar en la Plaza de S. Juan de Dios. En dicha calle, algo estrecha y aún más cuando pasaba el tranvía en dirección a extramuros, se encontraba la famosa cervecería Ploxia, alzándose en la acera de enfrente la antigua fábrica de tabacos que ocupa la mayor parte de la longitud de esa calle hoy día dedicada a otras tareas y que forma fachada con carácter de principal hacia la otra artería en donde desemboca el caudal circulatorio del tráfico que pasa dejando a su derecha la zona portuaria delimitada por una interminable verja. Junto a ésta antigua fábrica, de más reciente construcción, dominador en altura, se levanta también el edificio del Trocadero, un gigante desde donde se divisa la ciudad en todas direcciones.

El Trocadero, se asoma al puerto si miramos al frente dando la espalda a la posición que ocupa la Plaza de San Juan de Dios, donde se encuentra el clásico edificio del Ayuntamiento. Dicho edificio se ubica al fondo de dicha plaza y a izquierda y derecha de éste, en los edificios que dan forma rectangular a la plaza proliferan una serie de restaurantes, bares y cafeterías donde clientes y turistas pueden degustar en sus respectivas terrazas ubicadas en el amplio acerado, una gran variedad de tapas y platos a cual más suculento. Se puede también desde el Trocadero, acariciar con la mirada orientados hacia su fachada principal, barriendo con la vista hacia la izquierda la larga verja que impide el acceso a la zona portuaria que la separa de la ciudad.


Dicha verja, acompaña al acerado y viario que delimita por la derecha en dirección a la plaza de España dejando en el centro los jardines en la que se levanta la popularmente conocida virgen del sacacorchos debido a la columna salomónica sobre la que se asienta y que el humor de los gaditanos a rebautizado con este nombre y en los que modernamente, bajo dichos jardines, se encuentra un aparcamiento subterráneo. Los jardines sirven de bulevar ya que a uno y otro lado discurre paralelamente al viario descrito por la derecha, el de la izquierda así como la hilera de edificios en los que se ubicaba por aquel entonces entre otros, el del cine Gades.

Estos jardines acaban al toparse con el palacio de la aduana, edificio antiguo de dos plantas en el que estaba durante aquellos años si la memoria no me falla lo que se conocía como gobierno civil y al que llegaba el antiguo tranvía que comunicaba este punto con la esplanada en la que se ubicaba el hotel playa Victoria. Una vez que llegaba al palacio de la aduana, el tranvía después de un giro emprendía el regreso hacia extramuros cruzaba y dejaba a la derecha la plaza de S. Juan de Dios y se introducía en la que creo recordar se llamaba la calle Ploxia e iniciaba el ascenso de la cuesta de las Calesas , Puerta de Tierra, avenida de López Pinto, avenida Ana de Villa .... hasta el mencionado hotel situado en la famosa playa.

Por su parte posterior el palacio de la aduana da a la Plaza de España donde se encuentra el famoso monumento a las cortes de Cádiz.


El hotel Playa, se encontraba en extramuros donde acababa toda la zona urbanizada y en la que se comenzaban a levantar los grandes chalets de la clase acomodada de esta ciudad por aquella época.
Año tras año, poco a poco, sin apenas percibirlo la avenida fue poblándose de coches, camiones, autobuses de línea que circulando en ambos sentidos nos comunicaban con poblaciones cercanas como San Fernando, Chiclana...
El caudal circulatorio creció de tal forma que se apoderó de toda la avenida y a ello contribuyó en gran medida la proliferación del famoso "seat 600". El viejo tranvía que discurría orillado junto a la acera por la mitad derecha de la avenida yendo en dirección a extramuros, empezo a estorbar. En su lugar acupando la otra mitad de la calzada se preparó el tendido eléctrico para que una flota de trolebuses de uno y dos pisos realizara el mismo recorrido y ofreciera el mismo servicio con la ventaja de ser mas silenciosos. Dicho tansporte. al no necesitar raíles podía desviarse ligeramente a derecha e izquierda en el sentido de su marcha adaptándose a las necesidades que el tránsito de vehiculos y la longitud de su trole le permitía.

Muchos recuerdos y anécdotas vienen a mi memoria que dejo de relatar esperando una nueva ocasión.

martes, 20 de abril de 2010

Comentario completo a una visita a este blog.


Durante los últimos años de mi actividad como docente recibí agradables sorpresas al encontrarme como compañeros/as, a antiguos alumnos/as, a los que en algunos casos había perdido la pista y no los hacía ejerciendo la docencia. Ocupaban ya dichos alumnos, durante esos años a los que me refiero, dentro del claustro al que yo pertenecía, puestos como miembros de distintos departamentos, como son: el de orientación, lengua, música,... y con los que retomaba una relación ya no de profesor alumno, como la que habíamos tenido en el pasado, sino que en la actualidad la continuábamos en otro estadio: la de profesor a profesor.

Estas agradables sorpresas abrían mi mente a escenas ocurridas en años anteriores que llenan y minan la vida del que por su ocupación ha tenido contacto con tantas personas y que enriquecen la galería de sus recuerdos.

Uno de estos casos es el de Felicidad. a la que tuve de compañera en el Instituto Cavaleri, actuando como orientadora en el Departamento del mismo nombre y que en otro tiempo tuve la suerte de tener como alumna cuando hace bastante más de 30 años comencé mi ejercicio docente en el Colegio Aljarafe.

Años más tarde, en un tiempo pròximo a la publicación de este artículo, después de jubilado, tuvimos un casual encuentro en el metro departiendo durante el trayecto de diversos temas entre ellos sobre nuestros quehaceres, aficiones y ocupaciones en la actualidad.
De la conversación mantenida y de su visita a este Blog, sugerida por mí durante esta conversación nace lo que a continuación vengo a relatar:

El día 21 de octubre de 2008 escribí un artículo sobre el comienzo de la enseñanza de la música en un Colegio de Mairena del Aljarafe. Sobre esta actividad educativa en ese momento pionera y su inclusión en el currículo del recién inaugurado colegio, por aquel entonces de carácter privado, llamado “ Colegio Aljarafe” al que la referida y en otro tiempo alumna, hoy compañera, añadió un comentario cariñoso y entrañable después de su visita a este blog recientemente. En dicho comentario hacía referencia a la utilidad que le habían reportado en la actualidad, mis clases en el desarrollo de una de sus aficiones cual es la de cantar en un coro.

Traté de contestar a su comentario pero al ser el mío demasiado extenso y no admitírmelo el formato del blog, tuve que recortarlo y publicar una respuesta exigua. Hoy 20 de Abril de 2010 decido exponerlo al completo tal y como lo había redactado en un principio.

Comenzaba tal como aparece en el que expongo a continuación en el que resumí y se desarrollaba así:

“Perdona este gran retraso en contestarte debido a mi manía de no revisar el blog o hacer esta revisión muy a la carrera. Como puedes comprobar de nuevo como ocurrió con mi respuesta a tu primer comentario, por segunda vez, esta circunstancia ha dado lugar a que el inexorable tiempo haya espaciado bastante más de lo debido mi respuesta pues me he dado cuenta de él bastante tarde y por ello no he respondido como suelo hacer por norma. Me alegra que gracias a mis clases, de las que hace ya tanto tiempo fuiste alumna, hayas obtenido las destrezas necesarias para serte hoy día de utilidad en esta actividad que has tomado como esparcimiento. También me satisface el que puedas gozar plenamente con ella durante “llamémoslo así” tu tiempo libre.

Agradezco tu invitación para que participe en el coro del que formas parte; me encantaría, pero ya mi voz no es la de antes; haberla utilizado durante tantos años, forzándola sin mas remedio todos los días, hablando casi siempre en un tono fuerte, me ha pasado factura y aunque hoy día al hablar no se me note debido a las técnicas de impostación que durante toda mi vida profesional he utilizado consiguiendo mitigar casi todos los efectos negativos que en ella pueden aparecer, el esfuerzo que tendría que realizar durante esta actividad sería perjudicial para mis cuerdas vocales ya que se resienten con facilidad y someterme de nuevo a esta disciplina a mi edad, acabaría por afectármelas.

Se por experiencia que una actividad de coro es de lo más gratificante que hay para los integrantes del mismo y cómo no, para su director.

Los componentes de un coro se ponen en contacto con una serie de técnicas vocales, de relajación y respiración, que en un principio no habían ni siquiera imaginado. Todas estas técnicas van en beneficio de todos y cada uno de los participantes o miembros de esta agrupación musical.

Se aprende a calentar la voz, se coge tono postural (saber estar de pié); pues se toma conciencia del área base, en una palabra se tiene más equilibrio no solamente físico sino también espiritual. Se sabe estar sobre el suelo y se acerca uno... al cielo.

Se desarrolla un gran control diafragmático a la vez que aprendemos a utilizar los espacios intercostales. Tomamos conciencia de este músculo, el diafragma, y nos damos cuenta de su importancia en el canto pues nos ayuda a mantener una buena entonación, llegando a cada nuevo sonido con limpieza y dotándonos de la capacidad de mantener su duración sin desmayos ni titubeos. Poco a poco con la impostación de la voz llegamos a encontrar también los resonadores y a saber utilizarlos.

No es así en todos los casos para el que lo dirige, que aunque recibe la suma de satisfacciones que iguala a la de todos sus componentes, podríamos decir que sus satisfacciones rayan el infinito, también recibe grandes disgustos y decepciones. Se diría que se dan como contrapeso, para mantener al director en equilibrio. El director está a merced de los que asisten a los ensayos y le causan gran decepción, rayando a veces en el desánimo, las ausencias. Los componentes de un coro lo hacen por amor a la música su paga es la propia satisfacción de sentirse miembros de esa agrupación musical vocal-polifónica.

Se da con bastante frecuencia, en un coro, cuando se tiene un amplio repertorio montado y muy trabajado el que por unas u otras circunstancias algunas voces queden muy debilitadas por estas ausencias con lo que el trabajo realizado y sobre todo sus frutos se ven minimizados en extremo.

Es muy difícil encontrar un equilibrio en las distintas voces y esto se debe entre otras causas a que tradicionalmente en Andalucía no ha sido norma la formación de coros polifónicos. Varias causas entre ellas la climatológica es la responsable. En el ánimo de una gran mayoría, se esta mejor tomando el fresco, paseando o de copitas, que cantando en un coro polifónico. Si a esto unimos el que en nuestro entorno escasean algunas de las voces (bajos) que entran a formar parte de un coro, tenemos una causa más que hace encomiable tu participación así como la de todos los que integráis esta agrupación musical.

He entrado en la Web y os he visto actuando. Me he informado sobre vuestro director que ha sido alumno de Ramón al cual conozco personalmente y del que en su día recibí un curso con lecciones y consejos magistrales. Sí ha conseguido brillantes calificaciones con él, quiere decir que porta un aval en dirección de coro extraordinario ya que Ramón no acostumbra a regalar nada.
Espero como te dije en mi respuesta inicial que los miembros que os faltan en las voces que me indicas en tu comentario hayan quedado en simple anécdota. Como te deseé en aquel momento te vuelvo a reiterar una gran dosis de ánimo y te invito a seguir adelante.


No puedo dejar desde esta tribuna que se me escape el dar la oportunidad a cualquier lector que así lo desee de disponer de la información necesaria para contactar con este tipo de actividad coral y brindarle la oportunidad si es de alguna de las localidades cercanas a participar en ella. Para ello puede consultar:

http://www.corosantamaria.org/

lunes, 27 de octubre de 2008

Mis inicios en el "Colegio Aljarafe"







Finalizado un cursillo sobre técnicas de enseñanza aplicadas a las materias fundamentales del currículo en el que se propugnaban entre otras estrategias la de instaurar en las aulas varios rincones con el material idóneo para motivar a los alumnos en el trabajo semanal o quincenal, dejándoles en un principio libertad en la elección de la materia a trabajar pero debiendo en ese periodo de tiempo establecido, todos y cada uno de ellos, realizar las fichas de trabajo de todos los rincones, inicié mis primeros pasos en la enseñanza.

Bajo mis sugerencias los alumnos formaron por afinidad los grupos de trabajo y comenzaron a pasar por los distintos rincones.

El rincón de lengua, el de matemáticas, el de naturales, el de sociales…etc. En cada uno de ellos el alumnado podía encontrar no sólo las fichas de trabajo que debía hacer durante la semana o quincena y que yo les controlaba, sino también en estos rincones hallaban a la vez, libros de consulta para poder realizar dichas fichas a parte de utilizar su libro de texto. Con todo este bagaje recién aprendido, y con nula experiencia, recalé en un edificio de dos plantas de construcción rectangular cubierto por un tejado. Dicho edificio servía de frontera y perímetro a un gran patio central dividido en dos partes desiguales por un ancho pasillo. A dicho pasillo se accedía desde el exterior por una amplia escalinata que estaba situada al final del camino privado flanqueado a ambos lados por altos cipreses por el que se llegaba al Colegio una vez abandonada la carretera de San Juan a Palomares, a su derecha. Constituían tanto la amplia escalinata como el porche de columnas de hormigón visto, la entrada principal del Centro por la que se llegaba a derecha, izquierda o hacia el frente a todas sus dependencias incluido el patio de recreo, teatro al aire libre, comedor, pista de futbito y balonmano, campos de fútbol...

Al inmenso patio exterior, se asomaban curiosas, por amplios ventanales las oficinas de administración, varios despachos y la sala de profesores. Las aulas de la planta baja y superior daban también a este patio exterior directamente a través de la única puerta de acceso que tenia cada aula. Dichas puertas eran de madera y estaban flanqueadas a uno y otro lado a modo de anchas jambas por dos cristaleras que recibían la luz del referido patio. Todas las clases poseían unos estrechos y alargados ventanales en la parte superior de la pared que junto con la puerta de acceso formaban uno de sus laterales. Se sumaban a estos huecos luminosos, tres amplios ventanales en la pared lateral frente a la ya mencionada, que daba al patio interior gozando las clases de bastante claridad.

El mencionado patio de recreo era casi en su totalidad de tierra y en él se encontraban los campos de fútbol, cancha de baloncesto y pista de patinaje así como las gradas de un pequeño teatro al aire libre. Todas estas instalaciones entre las que cabe destacar las duchas de posterior construcción, formaban el perímetro del edificio contorneando la fachada exterior a las que se abrían las puertas de todas las aulas de la planta baja que estaban ocupadas por los grupos de E.G.B. La fachada posterior que con su acerado de losas de barro delimitaba el patio interior a donde también se asomaban curiosas, todas las clases por sus amplios ventanales, así como los diferentes despachos, las oficinas de administración, la secretaría y la sala de profesores que en un principio allí se ubicaban.

Las clases del piso superior daban todas a un largo corredor solado de ladrillos de barro, asomándose cada una de ellas tanto por delante como por detrás al referido corredor a lo largo de todo el perímetro exterior e interior del edificio. Dicho pasillo por el que se accedía a todas las clases, tenía como defensa una baranda de hierro pintada de blanco que dibujaba su doble perímetro y al que se llegaba desde el amplio porche Central por una no menos amplia escalera de dos tramos que cercenaba o partía el patio interior según se accedía al edificio, en dos mitades desiguales como he descrito anteriormente. La de la derecha alargada de forma rectangular al que se asomaban las clases tanto de la planta baja como de la primera, y la de la izquierda, mas pequeña y cuadrada por el que se accedía a un salón cubierto de usos múltiples después de dejar a la derecha los ventanales de las oficinas de administración en la planta baja y el aula de música en la planta superior.

Una vez que habíamos accedido a este salón cubierto y que podíamos contemplar y abarcar en su totalidad mirando al frente, según a la hora que lo visitáramos podíamos encontrarnos en él a algún curso o cursos realizando actividades deportivas o culturales como: una clase de gimnasia, un interesante partido de voleibol, un partido de baloncesto, un teatro de marionetas... Puntualmente podían celebrarse también en él una variadísima gama de espectáculos: una obra de teatro, un concierto de piano, una clase de dramatización, un ensayo de la orquesta Orff del Colegio, un recitado de poesías, teatro leído, conferencias, exhibiciones de alguna figura del deporte con su correspondiente clase magistral… etc.

Si nada más entrar en este patio cubierto girábamos a la derecha nos encontrábamos con una puerta que daba acceso a un distribuidor desde el que podíamos acceder a las oficinas de administración, sala de profesores y varios despachos. Dicho salón cubierto también hacía las veces de patio cubierto durante los recreos lluviosos o de salón de usos múltiples ya que se utilizaba las más de las veces como he dicho antes de gimnasio, de salón de actos, de sala de conciertos, de teatro , de polideportivo o para cualquier conferencia o evento para el que se necesitase un espacio bastante amplio y al que pudiera asistir todo el Colegio.

El porche Central se abría tanto a derecha como a izquierda al patio interior y desde la planta baja por medio de la amplia escalera de dos tramos se accedía a un espacio similar en la planta primera en la que estaban ubicadas las aulas de bachillerato.

Comencé mi actividad en un 5º de E.G.B como tutor. Curso con pocos alumnos 22 en total y en el que curiosamente sólo había una alumna. El colegio pretendía que en sus aulas hubiese alumnado de los dos sexos cosa infrecuente por aquella época. Como puede apreciarse se hacía hincapié sobre este aspecto en la portada del folleto propagandístico que ilustra este artículo. Durante las clases de gimnasia, trabajos manuales, dramatización … etc. daba las de música al resto de los cursos mientras que al grupo del que era tutor le estaba impartiendo clases otro u otros especialistas.

martes, 21 de octubre de 2008

1971 Comienza la enseñanza de la música en un Colegio de “Mairena del Aljarafe”



Expreso este titular porque por aquel entonces no existía colegio alguno en la provincia de Sevilla ni en Andalucía o por lo menos yo no tenía noticia de ello y menos aún, de que en alguno de ellos se abordara la enseñanza de la música como una asignatura más del currículo.

Había recientemente terminado la carrera de Magisterio y me encontraba empeñado en completar mi formación musical con los estudios de contrapunto y composición. Me hallaba a lo largo de este periodo, confuso; deseando integrarme en el mundo laboral, sin saber que hacer o a dónde dirigirme, esperando el anuncio o la oferta de empleo que se adecuara a mis expectativas, ojeando temarios de oposiciones y valorando lo que debía acometer con premura cuando llegó a mis oídos la existencia de un Colegio en el término municipal de Mairena del Aljarafe.

Este nuevo Centro había comenzado su andadura implantando durante el curso 1970-71, la enseñanza del Bachillerato, y deseaba ampliar su radio de acción en cuanto a lo que a labor docente se refiere para el curso próximo con una nueva línea de aulas que irían desde el parvulario recorriendo todos los niveles de la E.G.B. hasta entroncarla con éste. De esta forma se quería ofrecer al alumnado de este Centro la posibilidad de poder realizar los estudios sin interrupción desde párvulos hasta el último curso de bachillerato sin tener que cambiarse a otro.

Los alumnos del Centro tendrían de esta forma la posibilidad de abandonarlo al finalizar el bachillerato bien para realizar estudios universitarios, carreras de grado medio en escuelas técnicas al efecto o para insertarse en la vida laboral. Para ello, el referido Colegio necesitaba ampliar el personal docente y de servicios para poder abordar sin carencias, la empresa de poner en funcionamiento estas nuevas aulas.

Una entrevista me abrió las puertas y dio comienzo mi actividad como maestro en la enseñanza llamada por aquel entonces privada. Mis inicios tuvieron lugar en ese nuevo Centro; “El Colegio Aljarafe” al que se llegaba por aquel entonces por la carretera que va de San Juan de Aznalfarache a Palomares.

El Colegio estaba situado a mano derecha siguiendo dicha carretera, aproximadamente a unos 800 metros una vez pasado el indicativo con el que se nombra a dicha vía al finalizar el término municipal. Al desviarnos de ésta a mano derecha nos introducíamos en un estrecho camino privado de acceso a dicho colegio de unos 150 metros de largo bordeado a ambos lados por altos cipreses y abierto por un extremo, a su izquierda, a una amplia explanada de cemento que nos servía de aparcamiento.

Alrededor del Edificio de dos plantas que albergaba todas las dependencias del Colegio, se extendía un inmenso bosque de olivos y a la izquierda del camino privado que iba en dirección a éste, salpicadas aquí y allá de manera caprichosa, se levantaban las estructuras de hormigón de los altos edificios todavía en construcción de la que sería más tarde la Barriada de Ciudad Aljarafe que unidos a los de pequeña altura, a modo de boca de un enorme dragón amenazaban con engullirlo.

Comenzó esta aventura, con un cursillo sobre técnicas de enseñanza que se impartía en un Colegio de Sevilla, situado en la Barriada de los Remedios frente por frente a unos jardines y a la iglesia o parroquia del mismo nombre durante los primeros días de Septiembre. Entré en periodo de pruebas en dicho Colegio y mi estancia duró aproximadamente seis años, finalizando mi actividad en él con mi incorporación a la enseñanza estatal después de haber superado unas oposiciones que daban acceso a mi ejercicio como docente en Centros Públicos del Estado.

El hecho de que este Centro pretendiera que la música fuera una de las materias que se ofrecían al alumnado como innovación fue el determinante para que fuese elegido entre otros aspirantes como un nuevo miembro del claustro de profesores.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Periódico escolar y otras iniciativas.











A lo largo de mi vida como docente, he participado en multitud de iniciativas pedagógicas que no siempre han cristalizado, otras han surgido a mi alrededor enriqueciendo el panorama escolar impulsadas por otros compañeros dándose en este centro una variopinta gama de actividades que han ido desde hacer calceta, pegar botones, realizar bordados, dibujar y componer acuarelas, pintar a óleo, elaborar instalaciones eléctricas, construir máquinas con mayores o menores complicaciones tecnológicas, formar murgas y comparsas de carnaval, diseñar máscaras, montar obras de teatro... etc. Todas estas iniciativas escolares, las han realizado tanto los alumnos como las alumnas sin distinción. Lo mismo bordaban o pegaban un botón tanto el alumnado masculino como el femenino llegando a participar y a aprender también en dichas actividades el propio profesorado.

He impulsado junto con otros profesores del Centro la creación de un periódico escolar y proyectado con otros compañeros hasta una emisora de radio que por unas causas u otras nunca llegó a emitir. Del periódico podéis ver alguna que otra portada de los números publicados y también varias páginas interiores que he encontrado revolviendo entre mis papeles y que dan una idea de lo que hacíamos por aquella época.

Con nuestra rudimentaria máquina de escribir, aquella pesada Olivetti, nuestros clichés electrónicos y nuestra multicopista, como únicos medios de impresión, con poca idea como periodistas, pero como siempre digo con una gran ilusión, fuerza y dedicación, tratamos de sacar adelante algunos números de este periódico. Cualquier actividad de este tipo no sólo llega a ilusionar a los alumnos sino que también a medida que va desarrollándose ilusiona a los propios profesores. Hay que agradecer el esfuerzo y dedicación realizados por la mayoría de los que intervinieron en esta empresa aunque todo esto surge casi por inercia una vez iniciado y puesto en marcha el proyecto. Es de destacar el compromiso de los alumnos que se entregaron a esta idea y utilizaron parte de su tiempo libre a las distintas actividades y tareas que surgían para poder hacer realidad estas publicaciones.

Cabe resaltar y elogiar las colaboraciones de alumnos como Daniel Molleja, con sus portadas; otros, con sus historietas en viñetas de diversos temas; algunos, con sus tiras de chistes, poesías, adivinanzas, refranes y los que integraban el equipo de redacción, recopilando todo el material a que daban lugar las iniciativas del resto de sus compañeros.

La recogida, selección y clasificación de los diferentes artículos depositados en los buzones instalados al efecto en cada planta del edificio así como en parvulario, la colaboración de todo el profesorado animando a todo el alumnado a participar en éste y en otros proyectos y la diversidad de trabajos presentados para la confección de los distintos números, nos sumergía en una tarea ardua y complicada de la que salíamos a flote gracias al trabajo que realizaban los alumnos junto con uno o dos profesores dedicados a esta labor. La seriedad que emanaba de todas estas actividades junto con la asistencia a reuniones de trabajo de donde salía el sumario y se elegían los trabajos que integraban cada número llenaba de satisfacción a todos. Estas reuniones se realizaban tanto en los recreos como fuera del horario escolar.

En estas reuniones se elegían, clasificaban y organizaban para formar parte de cada número, los trabajos que depositaban los alumnos en los buzones a los que se añadían los presentados por los encargados de recoger colaboraciones para el periódico en las distintas aulas. Hay que reconocer y elogiar la labor realizada por todo el profesorado que se embarcó y fomentó entre los alumnos la idea de participar en ésta y en otras empresas.

sábado, 12 de julio de 2008

Fiesta del libro en un Centro público, taller municipal ... etc.





El hecho constatado de que a lo largo de la vida vamos madurando se hace patente cuando vuelves a leer lo que has manifestado en un momento concreto y que ha quedado reflejado sobre todo en un medio impreso. No es que te desdigas de lo dicho sino que hoy lo expresarías de otra forma, quizás con más humildad y expondrías en tus planteamientos pedagógicos, esos y otros argumentos.

En un par de ocasiones fui entrevistado por medios de comunicación. De la entrevista realizada por un medio impreso da constancia una de las ilustraciones que encabeza este artículo. De la realizada a través de las ondas de radio lo más que puede quedar es una grabación que no poseo. Las otras fotografías que aparecen también al principio de este artículo son el justo premio a los alumnos participantes en los concursos de dibujos para la confección de las pegatinas que conmemoran la celebración de las que fueron ferias del libro de esos años. Por último, la fotografía que encabeza este artículo, es de una de las páginas en las que aparecen noticias sobre una variada gama de acontecimientos culturales y actos de clausura que por aquellas fechas se venían celebrando y con los cuales se cerraban las actividades del curso escolar en los distintos Centros y se daba la bienvenida a unas merecidas vacaciones estivales.

La entrevista que tuvo lugar a través de una emisora de radio, fue la realizada durante la emisión de un programa matinal, en la que como noticia cultural, se ofrecía a los oyentes en directo, la celebración de la fiesta del libro en nuestro Centro (C.P. Guadalquivir) como uno de los múltiples y variados emplazamientos en los que se realizaban actos que conmemoraban en nuestra Provincia este día. Como sabéis dicha celebración coincide con la del fallecimiento de Miguel de Cervantes, de William Shakespeare y del cronista Garcilaso de la Vega; (El Inca), que aunque no ocurrieron en la misma fecha si se aunan éstas para dar pie con ello y justificación a la conmemoración del día del libro.

Concretamente una de estas ferias del libro coincidió con la celebración del Centenario del nacimiento del primero de ellos y como ejercía por aquellas fechas como jefe de estudios de este Centro, por el cargo, me tocó. Recuerdo que llegó una unidad móvil de la emisora con toda la parafernalia que arrastra para conectar con los estudios centrales y poder realizar con todas las garantías la entrevista en directo. Después de un laborioso trabajo realizado por los técnicos que duró por cierto bastante más que lo que se extendió la entrevista, en un pequeño despacho situado en un extremo del edificio a la izquierda según el alzado del mismo o a la derecha si nos ponemos a observar su fachada y la miramos de frente, me realizaron la entrevista. La referida estancia, ese pequeño despacho, da por un lado a un patio cubierto que sirve de acceso a las clases desde las pistas de baloncesto y futbito a la vez que da refugio durante los recreos en los días de lluvia a los alumnos que a pesar del mal tiempo quieren permanecer en él. A este pequeño patio cubierto que aparece a nuestra vista plagado de pilares de hormigón, columnas grises que sujetan el techo que lo cubre y las dependencias que se sitúan por encima de él en la vertical, hacen posible que en perfecto equilibrio se encuentren la llamada sala de usos múltiples por aquel entonces en la primera planta y una de las aulas destinada a impartir clases ordinarias en la segunda. Se asoma esta pequeña habitación por su única ventana a este patio cubierto que más de una vez ha servido para despachar por ella utilizando el alféizar de la misma como mostrador del kiosco de chucherías que los alumnos de 8º de E. G. B. montaban para la obtención de recursos financieros para su viaje fin de curso. Frente por frente a esta ventana, al otro lado, para hacerla más útil , se abre una puerta por la que pasa la luz que por dicha ventana entra iluminando un estrecho pasillo donde entre otras dependencias abren sus puertas también la sala de profesores, la jefatura de estudios, el despacho de dirección, el cuarto de la fotocopiadora, la secretaría… etc.

Como he expresado anteriormente, fui entrevistado por el conductor del programa desde la emisora y desde ese pequeño despacho expliqué la dinámica de dicha fiesta o feria del libro. Comenté la importancia de los concursos y exposiciones que semanas antes mantenían a los alumnos ocupados en diversas actividades que culminaban con la celebración de dicha feria del libro y que mantenían el interés de los participantes ante la incertidumbre que generaba todo el proceso de recogida y selección de trabajos y dibujos presentados. De ellos saldría entre otros, el que serviría para confeccionar la pegatina que se utilizaría para conmemorar el evento a la vez que podría ser destinado como señalizador por los alumnos lectores que para tal fin la quisieran emplear.

Varios días antes se daba a conocer el dibujo elegido que contituiría la pegatina oficial así como otros trabajos entre los que se encontraban cuentos y poesías que también eran galardonados. Sus autores recibían en uno de los actos que se desarrollaban durante este día en el salón de actos los premios. Dichos premios consistían en libros, cintas magnetofónicas de grupos de actualidad, aparatos reproductores (walkman)... etc. así como el reconocimiento y aplauso también de sus compañeros.

Hablé sobre el mercadillo de libros usados e intercambio de éstos entre los alumnos. Sobre los stands de libros que montaban las librerías de la zona que asistían invitadas a este evento y en donde los niños podían adquirir libros nuevos con un importante descuento. Dicho descuento se conseguía aplicar a los libros adquiridos por el alumnado aunando en uno sólo el porcentaje que sufragaba y ofrecía la A.P.A. con el que nos satisfacía el Ayuntamiento y al que añadíamos el pequeño descuento que nos aplicaban también las propias librerías. Los técnicos montaron el equipo y fui entrevistado como he manifestado anteriormente por el conductor de dicho programa desde los estudios contestando en una corta entrevista a una serie de preguntas relacionadas con el mundo del niño, las diversas iniciativas emprendidas desde el colegio para conseguir su desarrollo integral y las medidas específicas que habíamos adoptado dentro del curriculo para el fomento de la lectura.

En ella manifesté la importancia de la lectura como medio no sólo de esparcimiento sino como vía de acceso al conocimiento. Hable sobre el papel que juega el libro de imágenes para los aún no lectores, el liderazgo en estas edades del cuento, el cómic, el TBO, de los libros de aventuras y por último sobre la novela y la poesía infantil así como sobre cualquier publicación que fuera destinada en este caso a los niños comprendidos entre 4 a los 13 o 14 años.

En otra ocasión fui entrevistado por una revista local como animador y conductor del Taller Municipal de música de la localidad, en dicha entrevista señalé el papel a jugar por el mismo y sus pretensiones de llegar a un alumnado que por sus peculiaridades tenía un difícil acceso a este tipo de enseñanza por aquella época. Fijaba las metas a alcanzar por el taller, exponía a grosso modo el método o métodos de trabajo empleados y dejaba entrever proyectos a corto y medio plazo.

jueves, 12 de junio de 2008

Trabajos que vieron la luz y otros que quedaron en el intento.










A lo largo de mi vida profesional he colaborado unas veces escribiendo guiones radiofónicos que quedaron almacenados en las carpetas de nuevas programaciones de algunas emisoras y allí se perdieron o tímidamente vieron alguno de ellos (los menos) la luz. Se emitieron algunos en una emisora de ámbito nacional, algo disfrazados en relación con los originales pero manteniendo a retazos la esencia después de alguna que otra promesa incumplida. Otros me fueron devueltos aunque no en su totalidad con la escusa de no aparecer en ese momento y algunos quedaron olvidados en el ir y venir para entrevistarme con tal o cual director o encargado de la nueva programación que en ese momento no estaba o tenía algo importante en que ocuparse.

En diversas ocasiones tomé parte también como articulista y en otra ocasión como crítico y comentarista de eventos musicales en revistas y boletines municipales de información a nivel local.

Como aparece en las ilustraciones de este artículo, he participado en varios números de la revista Local y municipal “Aljibe” que se empezó a publicar a partir de la segunda mitad de la década de los ochenta y principios de los noventa, dando forma y contenido a una sesión denominada música práctica. En esta sesión de la mencionada revista, en cada artículo o como máximo en dos artículos consecutivos, se daban a conocer algunos instrumentos de viento y de cuerda a la vez que se ofrecían las explicaciones indispensables para su construcción. A lo largo de las exposiciones aclaratorias para la elaboración de dichos instrumentos musicales se aconsejaba en la mayoría de los casos la utilización de materiales de desecho o bien sobre otros que podíamos procurarnos o conseguir por los alrededores, por nuestro entorno.

Sobre estos materiales que podíamos encontrar por nuestra zona, no sólo se facilitaban los lugares donde hallarlos, sino que se daban también las instrucciones necesarias para proceder a su corte, secado y posterior utilización. En esta sesión de la mencionada revista, a la vez que se describía un instrumento y el conjunto de herramientas necesarias para su elaboración, se expresaban con todo lujo de detalles plantillas y planos con las medidas necesarias y convenientes para su construcción.

Se exponían también algunos consejos prácticos para proceder a una correcta afinación, tensado de las cuerdas o lijado del tubo o tubos que tenía el instrumento una vez construido, a la vez que se ponía al alcance del lector las instrucciones para su ejecución, todo ello con el ánimo de entretener y ocupar el tiempo libre.

domingo, 11 de mayo de 2008

Miscelánea de una década. De Mairena del Aljarafe a Pruna.











En el año 1971, en el Colegio Aljarafe durante el primer año de su funcionamiento, los alumnos de párvulos gozaban semanalmente de un módulo de 30 minutos que se dedicaba a ponerlos en contacto con la educación musical. El hecho de que viniese un profesor especialista, dedicado sólo y exclusivamente a impartirles esta disciplina rompía la monotonía diaria y daba a estos contactos un marcado interés y excelente respuesta por parte de los alumnos a los que se aplicaba. Además de a este grupo de párvulos, se hizo extensivo a los alumnos que pertenecían a los cursos desde 1ª a 5º de la única línea habilitada de Educación Primaria que por aquel entonces funcionaba en dicho Centro.
Todos estos contactos con esta nueva disciplina, se hacen notar y se traducen en una serie de acontecimientos y fiestas escolares en las que estos alumnos participaban actuando como solistas o como componentes de una pequeña orquesta escolar.
En el Colegio Público la Inmaculada de Pruna (Sevilla ) ya en el Año 1981 los alumnos de 4º y 5ª de la por aquél entonces E.G.B, no sólo representaban obras teatrales o hacían números de bailes, sino que también las musicalizaban interpretando pequeñas partituras escritas exprofeso para estas pequeñas obritas con sus instrumentos escolares. De esta forma se huía de las consabidas cintas magnetofónicas, casetes o discos para el montaje de los fondos sonoros. Que duda cabe que para ello se necesitaba utilizar horas extraescolares. En definitiva mucho tiempo y muchos ensayos, la colaboración de los padres, la también inestimable colaboración de los propios alumnos y varios maestros volcados en todo esto para con mucho trabajo y dedicación ejercitar a los alumnos en las distintas representaciones que a lo largo de un curso da tiempo a montar en cualquier Centro escolar. Después, tenía lugar una puesta en escena, con todos los números preparados y en los que participaban la mayoría de los niveles. Pequeñas obras de teatro, actuaciones diversas como monólogos, números cómicos, grupos de baile... y, una fiesta fin de curso en el que los alumnos, padres y profesores disfrutaban del trabajo realizado.
En el sueño del Arlequín, pequeña obra infantil de mímica en la que el alumno protagonista, después de despertar, bostezar y desperezarse, queda extasiado ante la visión de un escaparate de juguetes mecánicos, muestra durante su actuación con reiterados y exagerados gestos, su sorpresa al tomar conciencia del lugar en el que se encuentra. Observa los juguetes uno a uno, se acerca, los toca y les va dando cuerda quedando maravillado con cada uno de ellos durante el tiempo en que cobran vida por efecto de la cuerda que les ha dado y que la orquesta de niños que musicaliza y produce los efectos, consigue emular haciendo sonar una matraca cada vez que el Arlequín gesticula y con mímica dinamiza dicha acción. Después con sus movimientos mecánicos mas o menos ágiles, al son de una melodía ejecutada y acompañada por los propios alumnos, cada juguete cobra vida, se mueve hasta que agotada la cuerda, se ralentiza y vuelve a estar como al principio; inmóvil, al acabar la música que le ha acompañado durante su desplazamiento. Permanecen en un lugar del escenario, ocupando como cualquier ser inerte, un espacio, como lo que son; objetos lúdicos abandonados, quietos. Unos juguetes, quedan como desperdigados en el escenario; otros, hacinados con otros juguetes del escaparate y algunos de ellos totalmente aislados. Así, el Arlequín, va pasando por todos dándoles vida; es decir, movimiento. Con esta tarea, va disfrutando y haciendo aspavientos mientras los acompaña con pasos elásticos al observar la mecanicidad en sus desplazamientos y la gesticulación robótica que realiza cada uno de ellos.
Dicha escena queda inmortalizada en una de las fotografías que ilustran este artículo. Se cuida con todo esmero el decorado, la colocación de los actores, el vestuario que se luce, la luminotecnia y, por lo novedoso en aquellas fechas del grupo musical de viento y percusión Orff, formado e integrado por alumnos, se les da un lugar dentro del escenario. De esa obra mímica os muestro también el guión melódico que he rescatado entre mis papeles y que ejecutaban los niños con las flautas sopranos así como con los metalófonos contralto y bajo utilizando los mazos blandos a los que se añadía la mediana y pequeña percusión (claves, caja china, maracas, matraca, bongóes, caja, bombo y plato). Escondidos entre las bambalinas estaban tanto el profesor que hacía de director escénico como el que dirigía a la pequeña orquestita.
Para conseguir todo esto no sólo participaron alumnos y profesores en los ensayos y en la fabricación de los decorados, sino que tuvo una gran importancia la colaboración de los padres y sobre todo las madres que confeccionaron y atendieron a las necesidades que generaba dicho montaje en cuanto a vestuario.
Como podéis observar en las ilustraciones con que se inicia este artículo, las partituras se van confeccionando paso a paso con los alumnos cuando éstos las van dominando. Así como primera ilustración aparece la partitura del guión melódico con todas las ligaduras de expresión y matices que habremos ido añadiendo a medida que la hemos ido trabajando para perfilar en ella hasta los últimos detalles.